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 <title>Recent posts</title>
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 <title>Quédense dentro y cierren las ventanas.</title>
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 <description>&lt;p&gt;El &quot;&lt;a href=&quot;/inhoud/artikel/manifesto-zombi&quot;&gt;Manifesto Zombi&lt;/a&gt;&quot; se dio a conocer durante los días previos al 19 de abril de 2008 en Overvecht, un grisáceo suburbio de rascacielos de la ciudad de Utrecht, en Holanda. Y una vez más, pocos meses más tarde, en Barakaldo, una ciudad satélite del área metropolitana de Bilbao, en el País Vasco. En ambas ocasiones esta sardónica llamada a las armas fue suficiente para que un grupo de gente se sometieran voluntariamente a una sofisticada fantasía colectiva en el marco del proyecto artístico Quédense dentro y cierren las ventanas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tras lo que podría denominarse como una sesión extrema de transformación en la que los participantes adquirieron el aspecto de cadáveres sanguinolentos en estado de descomposición, el grupo se juntó para formar una siniestra aunque alegre marcha que deambuló por el barrio. Los espectadores se quedaban asombrados mientras aquella indecente muchedumbre de zombis se dirigía tambaleante hacia el centro comercial local, donde procedía a invadir las tiendas y mezclarse con los asustados clientes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Cuál era el objeto de estas manifestaciones colectivas de insensatez? ¿Era su implícita y ambigua crítica de la sociedad consumista una especie de reivindicación del potencial crítico del ciudadano? O ¿tal vez la predisposición de la gente a someterse a una búsqueda bastante indecorosa de lo trivial y lo profano sugiere precisamente lo contrario?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Rem Koolhaas dijo una vez que “hacer compras es tal vez la única forma que queda de actividad pública”. Es una opinión bastante despectiva del ciudadano contemporáneo que ciertamente parece tener visos de realidad en los suburbios de nuestras ciudades, donde la vida cotidiana se ha retirado detrás de las cortinas del hogar privado. El único lugar que queda para que sus habitantes se reúnan como comunidad parece ser el centro comercial, donde participan en un ritual que nos une a todos: el consumo, esa ceremonia compleja en la que la necesidad y el deseo están unidos al estilo de vida y a la identidad de marca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En cierto sentido, los centros comerciales están asumiendo el papel de las plazas públicas como puntos de encuentro, simulando la animación de los centros de ciudad tradicionales. El ambiente es agradable y se estimula el “dar una vuelta por ahí”. No obstante, eso se tolera siempre que siga la doctrina del consumo. Todo en el centro comercial está planeado y preconcebido, y cualquier apropiación o adaptación de ese espacio por parte de los transeúntes se considera fuera de lugar y se prohíbe. No se puede sentar en el suelo y sería impensable llevar a cabo una manifestación en su interior. El centro comercial no pertenece a su público, y su presencia está rigurosamente regulada, supervisada y controlada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo que empezó siendo un sucedáneo del centro de la ciudad se está convirtiendo en algo globalmente omnipresente. No solamente porque todos los centros comerciales son parecidos o porque hay tantos, sino porque se han convertido en un modelo de organización de otros espacios. Zonas accesibles al público como estaciones de tren, aeropuertos o las entradas de grandes complejos hospitalarios están siendo progresivamente privatizadas y comercialmente explotadas como respuesta a un gasto público cada vez menor. Incluso los centros de ciudad originales, los “auténticos”, están siendo remodelados siguiendo los valores del centro comercial: limpios y seguros, retienen únicamente los elementos pintorescos que refuerzan la Identidad de Marca de la ciudad, en un escenario dominado por los logos de H&amp;amp;M, Zara y McDonald’s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El centro comercial es una caricatura del ágora griega, el espacio clásico de la democracia. Rodea a los ciudadanos dando una ilusión de libertad de elección a la vez que disuade el comportamiento imprevisible, convirtiéndolos de manera eficaz en consumidores pasivos de su entorno. No obstante, a medida que otros espacios abiertos y multifuncionales de la ciudad moderna se hacen obsoletos, podría ser el único lugar donde una asamblea pública sigue teniendo una importancia política latente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En ese contexto, la marcha zombi debería considerarse un experimento para desafiar el status quo   conviertiendo el centro comercial en una zona conflictiva, un ruedo donde por una vez se representa un guión diferente. Como forma de acción directa, sigue el ejemplo de los happenings organizados en Holanda en los años sesenta por los provos, un movimiento antiautoritario que representaba bromas extravagantes para despertar a la sociedad de la indiferencia social y política. En aquellos happenings lúdicos se fundían la performance artística y la protesta política mediante el uso de elementos de parodia y humor, tales como el empleo de pancartas en blanco como reacción a la prohibición de usar textos incendiarios en manifestaciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero la marcha zombi está también en deuda con la práctica de la psicogeografía, un término aplicado a un amplio abanico de estrategias para explorar la ciudad de forma innovadora e imprevisible a fin de provocar una nueva conciencia del paisaje urbano. Un ejemplo notable de esto es la deriva, un pasear por las calles deliberadamente sin objeto, guiado solamente por la coincidencia y los impulsos subjetivos. El concepto, introducido por los situacionistas, otro grupo de agitadores artísticos y políticos de los sesenta, se ha articulado como respuesta subversiva a la planificación urbana y al funcionalismo de burócratas y empresarios.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No obstante, entre tomar del sistema y ser absorbido por él sólo hay un paso. Unos meses después de las marchas de zombis en Overvecht y Barakaldo, hubo otra en Sitges, organizada por la marca de modas Eastpak. Esto ilustra eficazmente el modo en que narrativas potencialmente subversivas pueden ser neutralizadas al ser incorporadas a una celebración descarada de la marca de un patrocinador. Los situacionistas ya habían sido testigos en su época de cómo las desviaciones irónicas de significado podían volverse contra sí mismas. Lo llamaban recuperación, el proceso por el que ideas e imágenes radicales se convierten en mercancías y son interiorizadas por la sociedad establecida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero la complicidad de las iniciativas contraculturales con el orden social imperante va más allá de su vulnerabilidad a la recuperación. La deriva, por ejemplo, no deja de estar relacionada con la tradición establecida por el flâneur, el “caballero que pasea por las calles”, que surgió de las galerías cubiertas parisinas del s. XIX. Esas galerías, estrechos corredores flanqueados de negocios minoristas y cubiertos de techos arqueados de cristal, pueden considerarse predecesoras conceptuales de los grandes almacenes, y después de los centros comerciales cubiertos. Por consiguiente, en honor a la verdad podría sugerirse que el aturdido observador de escaparates actual y el distante psicogeógrafo descienden de la misma figura histórica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todo esfuerzo por desafiar la definición de espacio público que proporciona el centro comercial debería reconocer que todos estamos involucrados en su construcción. En efecto, puede ser uno de los pocos lugares que quedan en los que se cruzan la experiencia cotidiana y los abstractos procesos internos de la sociedad moderna. El objetivo, entonces, no es necesariamente abolir el centro comercial, sino reinventarlo como banco de pruebas para interpretaciones alternativas del papel de lo “público”.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las marchas zombis por los centros comerciales de Overvecht y Barakaldo podrían considerarse un comentario irónico sobre la rutina mortal de las compras. Pero la ironía implica un cierto distanciamiento de la vida cotidiana, perpetuando la situación al proporcionar una coartada al conformismo. Para hacer resucitar realmente al flâneur como personaje opuesto a los efectos alienantes de la sociedad de consumo, las marchas zombis dependen más bien de un desmoronamiento total del distanciamiento irónico. Es decir, dependen de la rendición incondicional y desinhibida de los participantes al propio placer de representar un papel.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dicho de otra forma, Quédense dentro y cierren las ventanas es una invitación insumisa a salir a jugar. Obsceno, vulgar y liberado de restricciones morales, el flâneur-zombi es un Jekyll y Hyde moderno, un recordatorio de que lo que en última instancia separa a un observador de escaparates de las mercancías expuestas no es el cristal o el dinero, sino el condicionamiento social.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Iratxe Jaio y Klaas van Gorkum&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Sat, 13 Nov 2010 16:00:00 +0100</pubDate>
 <dc:creator>Klaas</dc:creator>
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 <title>Bookpresentation of ‘Stay Inside. Close Windows and Doors’ + screening ‘Dawn of the Dead’ at Schijnheilig</title>
 <link>http://www.zombies.parallelports.org/es/inhoud/agenda/bookpresentation-stay-inside-close-windows-and-doors-screening-dawn-dead-schijnheilig</link>
 <description>&lt;p&gt;Zondag 4 April / Sunday April 4th,  Schijnheilig presents: Bookpresentation ‘Stay Inside. Close Windows and Doors’,&lt;br /&gt;
followed by the screening of George A. Romero’s ‘Dawn of the Dead’ (1978).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A night of gore, zombie slapstick and alienated entertainment!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ever since the release of George A. Romero’s zombie-epic Dawn of the Dead, the zombie has become a comical figure of cultural critique. In Romero’s film, zombies wandering aimlessly though a suburban shopping mall serve as a grotesque representation of contemporary consumerism and alienation. Presently, artists Klaas van Gorkum and Iratxe Jaio have started their own brand of zombie critique, inviting the neighbors of Overvecht (Utrecht) to join them on Zombie parades to the local shopping mall. They have now published the book ‘Stay Inside. Close windows and doors’ and Klaas will join us to speak about their experiences.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Programme:&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;20:00 Doors open&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;20:30 Book presentation: ‘Stay Inside. Close windows and doors’, presented by Klaas van Gorkum.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;21:15 Break&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;21:30 Screening of George A. Romero’s ‘Dawn of the Dead’ (1978)&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;More on the project:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
“Stay Inside. Close windows and doors” is a project by the artists Iratxe Jaio and Klaas van Gorkum that presents the zombie as a distorted image of the exemplary citizen, to address ideas of multitude, consumerism, dystopia, alienation and participatory practices. The artists organised two Zombiewalks, inviting neighbourhood residents to join them in a morbid parade that lead to the local shopping malls, where the participants, dressed up like bloodied corpses, would mingle with the startled customers, in a collective action between performance, dérive and street theatre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;These events have provided the content for the final publication: “Quédense dentro y cierren las ventanas – Stay inside. Close windows and doors”, edited by the artists and published by consonni. It contains texts written by, among others, the cinema critic Jordi Costa, the philosopher Jaime Cuenca Amigo, the director of The Showroom in London Emily Pethick, the artistic director in Fundación Tapies (Barcelona) Laurence Rassel, and a comic by Maaike Hartjes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;For more on the project, see: &lt;a href=&quot;http://www.zombies.parallelports.org&quot; title=&quot;www.zombies.parallelports.org&quot;&gt;www.zombies.parallelports.org&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entrance is free&lt;br /&gt;
Schijnheilig, Passeerdersgracht 23, Amsterdam &lt;a href=&quot;http://www.schijnheilig.org&quot; title=&quot;www.schijnheilig.org&quot;&gt;www.schijnheilig.org&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Sun, 28 Mar 2010 16:53:51 +0200</pubDate>
 <dc:creator>Klaas</dc:creator>
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 <title>&quot;Consumo sin conciencia: Anatomía de la vida zombi&quot; por Jaime Cuenca</title>
 <link>http://www.zombies.parallelports.org/es/inhoud/artikel/consumo-sin-conciencia-anatom-de-la-vida-zombi-por-jaime-cuenca</link>
 <description>&lt;p&gt;El zombi moderno, tal y como queda caracterizado por George A. Romero, es una máquina letal cuya única finalidad consiste en ingerir carne humana fresca. Lo que lo distingue de cualquier otra criatura puede cifrarse en la expresión consumo sin conciencia. En las siguientes líneas detallaré esta fórmula, intentando mostrar su sorprendente validez como signo de los rasgos centrales de nuestro modo de vida. Para las cualidades físicas y patrones de comportamiento del zombi me he basado en The Zombie Survival Guide (en adelante ZSG) de Max Brooks; en cuanto a la interpretación de las actuales condiciones de vida, seguiré, sobre todo, la obra de Zygmunt Bauman.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La ingesta de carne humana ocupa al zombi desde su misma reanimación. Su muy reducida inteligencia parece impedirle cualquier actividad excepto vagar sin rumbo fijo y tratar de comerse todo ser humano vivo que encuentre. Antes que cualquier otra cosa, el zombi es un consumidor, que responde, eso sí, a unas características muy precisas. El suyo es un consumo voraz, compulsivo, que ocupa el primer (y único) puesto en las pautas de conducta del zombi, desalojando cualquier otro criterio de acción. El cine ha mostrado repetidas veces la incapacidad de cualquier relación familiar o amistosa para frenar la compulsión al consumo de un zombi. En segundo lugar, no se trata de un consumo indiscriminado: el zombi ingiere carne fresca (es decir, de vivos o cadáveres muy recientes) y preferentemente humana. La carne en estado de putrefacción queda excluida; de ahí que no se ataquen nunca entre ellos. La tercera característica que define el consumo zombi es su inutilidad. El zombi es un cadáver reanimado y no presenta, por tanto, las funciones propias de un organismo vivo. Así, sus sistemas respiratorio y digestivo son totalmente inútiles: siguen respirando y no paran de comer, pero esto no les aporta ningún beneficio físico, ya que su cuerpo es incapaz de regenerarse. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;También nosotros somos consumidores. Vivimos en una sociedad que exige a todos sus miembros la capacidad y la voluntad de consumir. La conducta consumista ha saltado los estrechos límites del centro comercial y ha pasado a conformar nuestra vida entera. De ahí que Bauman (2002, 79) afirme que nos comportamos siempre como consumidores, hagamos lo que hagamos, a tiempo completo. Nuestra vida entera es una constante elección entre diversas ofertas seductoras que prometen hacernos únicos, auténticos, felices. Estamos embarcados en una constante construcción de nuestra identidad a través del amplísimo abanico del consumo, en el que todas las opciones quedan abiertas, excepto una: no consumir. Se trata, por lo tanto, de una compulsión, no menos voraz y tiránica que la que hemos descrito en la figura del zombi. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta elección omnipresente entre diversas opciones de consumo, además, debe renovarse constantemente, ya que su motor no es la satisfacción de unas necesidades dadas, sino el deseo de vivir nuevas experiencias. La voluntad de vivir experiencias inéditas o más intensas no puede alcanzar nunca un estado de calma definitiva, porque para mantenerla en marcha las opciones de consumo no necesitan más que ser nuevas. Así pues, exigimos para nuestros objetos de consumo la misma frescura que el zombi busca en sus presas. El más leve signo de envejecimiento los invalida como calmante de nuestra compulsión al consumo, tanto como cualquier asomo de putrefacción desacredita la carne a los ojos del zombi. Si buscamos con desesperación la novedad es porque huimos desesperadamente del envejecimiento, que es, al fin y al cabo, nuestra condición. También los zombis huyen de su condición, que es la muerte, y evitan en su consumo los signos de putrefacción que la delatan. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Además de la voracidad y la frescura, la inutilidad es el tercer rasgo que hemos hallado en la caracterización del consumo zombi. La ingesta de carne, en su caso, no sirve a la finalidad que le es propia: la nutrición. Tampoco nuestro consumo sirve al fin que se le supone; y esto no es ningún fallo, sino su mismo modo de funcionamiento. La sociedad de consumo se justifica en la promesa de satisfacer los deseos humanos, pero sólo puede mantenerse gracias a que nunca los satisface del todo. La incapacidad del consumo para conducir verdaderamente a la realización personal es, como explica Bauman (2006, 111), la premisa misma de su continuidad. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La cualidad más propia de un zombi, desde sus mismos orígenes haitianos, es la falta de conciencia. La radical transformación de la figura por parte de George A. Romero no dejó de respetar este rasgo. Ahora bien, ¿cómo se explica entonces una conducta aparentemente intencional –como es el ataque– ante  la completa falta de conciencia? La ZSG se acoge a la explicación instintiva: la compulsión a ingerir carne humana está grabada en el zombi como un instinto, que no admite cambios, matices ni prórrogas. Así, la falta de conciencia parece concretarse algo más. En primer lugar, indica que la conducta zombi no es producto de la voluntad (ni perversa ni de ningún tipo). En segundo lugar, sus acciones no responden a planificación racional alguna. La ZSG, por ejemplo, afirma que el patrón de caza del zombi es aleatorio. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Puede decirse que es involuntaria la conducta del consumidor? ¿Acaso no se presenta el centro comercial como el lugar donde conseguir de la forma más fácil cualquier cosa que podamos querer? El consumidor no sólo tiene acceso a una variedad casi ilimitada de bienes y servicios, sino que, además, puede elegir en cada caso entre un amplio abanico de compañías que compiten entre sí en precio y calidad. Sólo una opción le está vedada: abandonar este espacio de libre elección, o sea, elegir no elegir. La incompetencia en el consumo, voluntaria o no, conlleva la pérdida de los medios necesarios para construir la identidad individual y lograr la aprobación social. Así, el hecho mismo de consumir no puede considerarse el fruto de una decisión consciente y voluntaria del individuo, sino, más bien, expresión de una obligación internalizada, de una compulsión.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En cuanto al contenido de la opción de consumo, en principio el individuo tiene aquí una completa libertad de elección: nadie tratará de impedir que se decida por lo que más le apetezca. Ahora bien, esta misma expresión revela ya que los criterios de decisión no son inocentes. El consumidor recibe constantemente mensajes por los que se trata de fomentar ciertos criterios de decisión antes que otros: la planificación racional del consumo es estorbada de todas las maneras posibles, mientras que se favorece la elección rápida, espontánea e irreflexiva. Es bien sabido que todos los recursos materiales y simbólicos de los centros comerciales colaboran en este condicionamiento. El cálculo a medio o largo plazo, el seguimiento de criterios de decisión fijos y predeterminados son los mayores enemigos del tipo ideal del consumidor; el deseo debe ser el único motor de su conducta. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A primera vista, cualquier forma de deseo parece ajena a la conducta zombi. No lo es tanto, si entendemos, con Bauman (2005, 24-25), que el deseo es un impulso de absorber la alteridad, apropiándosela mediante el consumo y borrando así la afrenta que supone su misma presencia (atractiva y repelente a la vez). El zombi trata de absorber esa alteridad que para él son los vivos mediante un consumo marcado por la falta de conciencia, es decir, involuntario y ajeno a la planificación. Nosotros huimos del envejecimiento, al que nos sabemos condenados, mediante el consumo de productos siempre nuevos (es decir, que nunca envejecen), en un continuo proceso de elección compulsiva y caprichosa. Nuestro patrón de caza –como decía la ZSG– no es menos aleatorio que el de ellos; nuestro consumo no es menos destructivo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El análisis de la expresión “consumo sin conciencia”, que condensa los rasgos más específicos del zombi, ha revelado un notable paralelismo con algunas de las características centrales de nuestro modo de vida. Con independencia de las intenciones concretas de los directores, dibujantes o programadores de videojuegos que han creado y extendido la figura del zombi, lo cierto es que ésta se muestra como una metáfora asombrosamente eficaz de las actuales condiciones de la existencia. En ella se encarnan algunos de los más profundos miedos de nuestra sociedad y algunas de sus más inconfesables fascinaciones. Nos aterroriza el caos salvaje que a veces entrevemos en el orden en que vivimos: un orden basado en el consumo –incansable e insatisfactorio– de lo nuevo, un orden que se reproduce con la eficacia de las epidemias víricas que articulan el relato en las últimas versiones del género zombi. La atracción morbosa por la violencia extrema y gratuita parece responder a la busca de una conmoción capaz de evadirnos de esa radical apatía en que nos sume la apoteosis consumista de lo idéntico, bajo el rubro colorista de la novedad. El zombi, carnicero gratuito por antonomasia, nos brinda una conmoción inconfesablemente placentera, sin los peligros de la violencia real. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo que contemplamos con morboso deleite en las pantallas de cine es nuestra propia proyección monstruosa. En el sentido habitual de la palabra, desde luego, pero también en el etimológico, que remite al monstrare latino. El zombi nos muestra lo que somos y nos asusta ser, aquello de nosotros que no queremos reconocer como propio. Si escuchamos su macabro mensaje quizá podamos hacer honor a la más radical diferencia entre realidad y metáfora: mientras las epidemias zombis se presentan siempre en el cine con fatalidad natural, la extensión vertiginosa de nuestro modo de vida consumista es un fenómeno social. Y lo que distingue a lo social de lo natural, no conviene olvidarlo, es su condición de artificio, generado por seres humanos y transformable por ellos. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Texto del filósofo Jaime Cuenca Amigo realizado a partir de su presentacion en las &lt;a href=&quot;/node/140&quot;&gt;Jornadas Zombis&lt;/a&gt; de Barakaldo. Este artículo se enmarca en la investigación “La globalización frente a sus desechos: orden y exclusión en Zygmunt Bauman”, financiada desde 2005 por una beca predoctoral del Gobierno Vasco.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Bibliografía&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bauman, Z.: Trabajo, consumismo y nuevos pobres (trad. de V. A. Boschiroli). Gedisa, Barcelona, 2000.&lt;br /&gt;
Bauman, Z.: Modernidad líquida (trad. de M. Rosenberg). FCE, Buenos Aires, 2002.&lt;br /&gt;
Bauman, Z.: Amor líquido (trad. de M. Rosenberg y J. Arrambide). FCE, Buenos Aires, 2005.&lt;br /&gt;
Bauman, Z.: Vida líquida (trad. de A. Santos Mosquera). Paidós, Barcelona, 2006&lt;br /&gt;
Brooks, Max: The Zombie Survival Guide. Three Rivers Press, Nueva York, 2003.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-----------------------&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Otros textos:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;/node/165&quot;&gt;&quot;Nosotros somos los muertos. El muerto viviente como espejo móvil&quot;&lt;/a&gt; por Jordi Costa&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;/node/164&quot;&gt;&quot;Ciudad de consumo&quot;&lt;/a&gt; por Iratxe Jaio y Klaas van Gorkum&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;/node/117&quot;&gt;&quot;I&#039;d love to turn you on&quot;&lt;/a&gt; por Iratxe Jaio y Klaas van Gorkum&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;/node/133&quot;&gt;&quot;¡QUE EMPIECE EL CARNAVAL!&quot;&lt;/a&gt; por Iratxe Jaio y Klaas van Gorkum&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Wed, 04 Jun 2008 13:28:33 +0200</pubDate>
 <dc:creator>Iratxe</dc:creator>
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 <title>Presentación del libro en Librería Hormiga Atómica, Pamplona-Iruñea</title>
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 <description>&lt;p&gt;Presentación del libro en &lt;a href=&quot;http://www.lahormigaatomica.net&quot; target=&quot;blank&quot;&gt;Librería Hormiga Atómica&lt;/a&gt; de Pamplona-Iruñea (C/ Curia 4) con uno de los autores, el filósofo Jaime Cuenca Amigo y una de las responsables de consonni María Mur Dean.&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Tue, 01 Dec 2009 17:46:48 +0100</pubDate>
 <dc:creator>Iratxe</dc:creator>
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 <title>Presentación del libro en Librería Joker Cómics, Bilbao</title>
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 <description>&lt;p&gt;Presentación del libro en &lt;a href=&quot;http://www.libreriasjoker.com&quot; target=&quot;blank&quot;&gt;Librería Joker Cómics&lt;/a&gt; en Bilbao (Alda. Urkijo, 27) con los artistas Iratxe Jaio y Klaas van Gorkum coordinadores del libro y una de las responsables de consonni, Nerea Ayerbe Elola.&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Tue, 01 Dec 2009 17:42:12 +0100</pubDate>
 <dc:creator>Iratxe</dc:creator>
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 <title>Presentación del libro en Librería Ochoymedio, Madrid</title>
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 <description>&lt;p&gt;Presentación del libro en &lt;a href=&quot;http://www.ochoymedio.com&quot; target=&quot;blank&quot;&gt;Librería Ochoymedio&lt;/a&gt; en Madrid (C / Martin de los Heros, 11) con uno de los autores, el crítico de cine Jordi Costa y como invitado, Nacho Vigalondo y una de las responsables de consonni, María Mur Dean.&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Tue, 01 Dec 2009 17:33:50 +0100</pubDate>
 <dc:creator>Iratxe</dc:creator>
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 <title>Zombie Bike Ride in Amsterdam</title>
 <link>http://www.zombies.parallelports.org/es/inhoud/agenda/zombie-bike-ride-amsterdam-1</link>
 <description>&lt;p&gt;The Amsterdam Rebel Clowns invites you to join a Wild Zombie Bike Ride, at 19.00 in the Cinema bar, OT301 Overtoom 301, Amsterdam. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Take your oldest, dustiest clothes and your bike with you. Facial paint and blood will be taken care of.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;In times of capitalist crisis our city breaks further apart into pieces: areas where you should shop-shop-shop, areas for drinks and allowed fun, areas to sleep and watch TV and expanding areas with just boring offices (and many of them empty...). Join a critical mass of Zombies and bring Amsterdam back to life! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&quot;http://www.rebelact.nl&quot; title=&quot;www.rebelact.nl&quot;&gt;www.rebelact.nl&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
</description>
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 <pubDate>Mon, 26 Oct 2009 10:55:02 +0100</pubDate>
 <dc:creator>Iratxe</dc:creator>
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 <title>Tiempo muerto en Gure Artea</title>
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 <description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Tiempo muerto&lt;/strong&gt;, el nuevo trabajo de Iratxe Jaio y Klaas van Gorkum, relacionado a la Marcha Zombi Barakaldo, se presenta en el Centro-Museo Artium de Vitoria-Gasteiz. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los artistas resultaron premiados en el 2008, junto con Asier Mendizabal (Ordizia, 1973) y Xabier Salaberria (Donostia-San Sebastián,1969), en la vigésima edición del premio Gure Artea que se celebra con carácter bianual. La exposición Gure Artea XX muestra obras de los artistas desarrolladas a lo largo de este último año.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Tiempo muerto&lt;/strong&gt; presenta en tres proyecciones de vídeo el registro de una marcha zombie hacia un centro comercial de Barakaldo. La marcha está basada en una escena de Dawn of the Dead (1978), la película de George A. Romero que presenta por vez primera la figura del zombie como alter ego del consumidor alienado. Junto a esas proyecciones, unas fotografías de los espacios vacíos de reciente urbanización por los que transcurrió la marcha señalan las prácticas sociales como productoras del espacio social.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La idea de una masa de gente vestida y maquillada grotescamente que camina junta de manera idiota y ridícula simulando carecer de dirección y conciencia, pero con una conciencia extrema de producir imagen (desde sus orígenes cinematográficos, los zombies marchan por y para la cámara), se presta a usos y contextos varios en el paisaje contemporáneo: la promoción publicitaria, el rito subcultural autocelebratorio, la deriva neo-situacionista del activismo social, la acción artística. Esta porosidad y potencia irritante del signo se debe a su naturaleza de imagen en negativo; la masa de zombies que avanzan sin objeto ni conciencia de sí como reverso de la multitud unida que marcha por una empresa común, la representación clásica del sujeto colectivo moderno.&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Wed, 14 Oct 2009 14:49:26 +0200</pubDate>
 <dc:creator>Klaas</dc:creator>
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 <title>Sitges Zombie Walk 09</title>
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 <description>&lt;p&gt;La nueva edición de la &lt;a href=&quot;http://www.sitgesfilmfestival.com &quot;&gt;Sitges Zombie Walk 09&lt;/a&gt; enmarcada dentro de la&lt;br /&gt;
edición de este año del Festival Internacional de Cinema de Catalunya - Sitges 09. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El día 10 de octubre a 20:30 horas en el edificio Miramar, pistoletazo de salida y llegada a la playa de la Ribera donde dará comienzo la ZOMBIE BEACH PARTY. Maquillaje gratuito desde las 12 de la mañana en el edificio Miramar, por si no venís caracterizados.&lt;/p&gt;
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 <pubDate>Mon, 28 Sep 2009 17:03:04 +0200</pubDate>
 <dc:creator>Klaas</dc:creator>
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 <title>Quédense dentro y cierren las ventanas / Stay inside. Close windows and doors</title>
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 <pubDate>Sat, 26 Sep 2009 17:20:32 +0200</pubDate>
 <dc:creator>Klaas</dc:creator>
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